Jean Baptiste Camille Corot


Entre los pintores paisajistas franceses más notables se encuentra Jean-Baptiste Camille Corot (París, 16 de julio de 1796 – ibídem, 22 de febrero de 1875), cuya influencia llegó al impresionismo: perceptible en la obra de Monet, Morisot, Renoir y Pissarro. Muchos artistas y críticos consideran que fue Corot quien le otorgó ambiente, atmósfera, a la pintura al aire libre, de traducir al lienzo y la paleta de colores las sensaciones experimentadas en el pleno contacto con la naturaleza. Autor de una solidez compositiva, sus criterios estéticos en cuanto al espacio fueron un referente en Cézanne para su obra impresionista y génesis de la pintura moderna. Sin embargo por su concepción de la técnica, hubo quienes consideraron que Corot no sabía pintar por su desapego a las concepciones clasicistas de entonces.
Obras como Recuerdo de Mortefontaine (1864) Óleo sobre tela, 89 x 65 cm. Museo del Louvre, París; Mujer con una perla. Museo del Louvre, París; Ville d’Avray (c. 1867). Óleo sobre tela. National Gallery of Art, Washington, D.C.; Roma, vista desde los Jardines Farnese. Colección Phillips, Washington, D.C.; demuestran esa experiencia de los sentidos traducida a la pintura. Corot introdujo en Francia la estética de lo fragmentario, término que los ingleses advirtieron en la obra de Constable y que consistía en mostrar fragmentos de escenas, de la pintura, interrumpidos por el marco del cuadro.
De los estudios de los grandes paisajistas Achille-Etna Michallon y Jean-Victor Bertin aprendió la exquisitez de la técnica y la precisión, evidente en obras de esta etapa de 1822 como son El puente de Narni (1827) y Forum (1826).
Sobre la importancia del dibujo para el paisaje, Corot decía “El dibujo es lo primero que hay que buscar. Seguidamente, los valores cromáticos. Éstos son los puntos de apoyo. Después el color y, finalmente, la ejecución”. No hubo otras ciudades, excepto en Francia, como las italianas para motivar al artistas, ámbito donde Corot aprendió sobre los juegos con las sombras, la variedad de reflejos sedosos y los matices apastelados.
Luego de varias exposiciones mostrando su obra, pintando fachadas de catedrales y realizando pinturas por encargo, es dignamente reconocido en Exposición Universal de París de 1855. En este importante certamen de las artes, Corot recibe una medalla de primera clase y Napoleón III adquiere una de sus obras para su colección personal. Luego alcanza importantes cotizaciones en la subasta del Hotel Drouot y en el Salón de 1860. Su obra Danza de las Ninfas alcanza un éxito sin precedentes en su carrera.

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