Antoon van Dyck




Anton Van Dyck nació en Bélgica, un 22 de marzo de 1599, en el año 1609 fue enviado  al taller de uno de los mas notables pintores de la ciudad, Hendrick van Balen, decano de la Sint-Lucasgilde, con el propósito de aprender el oficio de la pintura y adquirir experiencia.

Su primera obra de esta etapa es el Retrato de un hombre de 70 años, de 1613, en donde son evidentes las enseñanzas de van Balen.  Con apenas 16 años abrió su taller personal junto al joven amigo Jan Brueghel con quien abandonó la escuela del maestro.  Durante estos años Anton recibió el encargo de realizar una serie de pinturas que representaran los 12 apóstoles, también de este período es el autorretrato de 1613-14.

Desde 1617 y hasta 1620, van Dyck trabajó estrechamente con Rubens, llegando a ser su alumno y abandonando su taller autónomo. Después de meses de colaboración entre los dos Rubens habla de van Dyck como de su mejor alumno.  El 11 de febrero de 1618, fue admitido en la «Gilda de San Lucas» como «maestro», van Dyck trabajó con Rubens en la ejecución de obras  como «Decio Mure despide a los lictores» o «Aquiles entre las hijas de Licómedes». En el taller de Rubens, siendo ya un pintor conocido en toda Europa, Anton van Dyck dio a conocer su nombre en los ambientes de la burguesía se influenció con la cultura clásica y la etiqueta propia de la corte.  Anton aprendió a reproducir a la perfección los modelos del maestro, adoptando muchas de sus características, como es fácil de constatar en la obra  El emperador Teodosio y san Ambrosio. Ya para el año 1620, Rubens había firmado un contrato con los jesuitas de Anversa para la decoración de su iglesia, basada en los diseños del mismo pero llevada a cabo por van Dyck; además de este importante encargo, Anton recibió también varias  peticiones de privados para la realización de retratos.  En estos años podemos apreciar pinturas como el Retrato de Cornelius van der Geest o Maria van der Wouwer-Clarisse.

En 1621 decidió partir a Italia, tradicional viaje de los pintores flamencos, donde permaneció durante seis años, estudiando y analizando los trabajos de los grandes artistas del siglo XV y del XVI y se afirmó su fama de retratista.

El 3 de octubre de 1621 se marcha de su ciudad natal a Génova.  Llegó el 20 de noviembre de ese mismo año y se hospedó en la casa de los pintores y coleccionistas de arte flamenco, Lucas y Cornelis de Wael. A su llegada a Génova, Anton ya había realizado alrededor de 300 pinturas, a diferencia de Rubens o de Nicolas Poussin, que a su llegada a Italia no habían tenido la oportunidad todavía de realizar tantas obras.

Después de una intensa vida artística y con una salud quebrantada, tuvo que volver precipitadamente a Londres.  El rey le envió a su médico personal, ofreciéndole 300 esterlinas si lograba salvarle la vida a su pintor. Varios días después Anton escribió un  testamento a favor de la hija, de la esposa, de las hermanas y de una hija natural que había tenido en Anversa.  Un 9 de diciembre Anton van Dyck murió en su casa de Blackfriars y fue sepultado en la presencia de la corte en la Catedral de San Pablo. Con su método de pintura de una elegancia relajada, influenció a los retratistas ingleses, como Peter Lely.  Además de retratos, por los cuales fue bastante apreciado, se dedicó también a los temas bíblicos y mitológicos, introduciendo varias  innovaciones en la pintura.

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